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Córdoba, una ciudad milenaria.

¡Hola viajer@s! Ya estamos de vuelta y, en la entrada de hoy, vamos a hablar de una de las ciudades más bonitas de España. Declarada Patrimonio de la Humanidad y con un gran legado vivo de las diversas culturas que se asentaron en ella a lo largo de su historia, esta ciudad ha sido considerada como la que más Declaraciones de Patrimonio Mundial de la Humanidad tiene, ¿sabéis de qué ciudad estamos hablando? Pues nada más ni nada menos que de Córdoba.

Córdoba alberga sitios tan espectaculares y bellos como el Alcázar, la Mezquita- Catedral, el patio de los Naranjos, el Puente Romano,…podemos decir que el casco histórico de esta ciudad está lleno de rincones insólitos y tan bonitos que dan ganas de retroceder en el tiempo.

Así, el barrio de la judería, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ofrece una multitud de tesoros arquitectónicos, por ello, lo mejor de todo es perderse entre sus callejuelas estrechas y recorrer cada uno de sus escondrijos.

Este paseo lo vamos a empezar entrando al recinto amurallado por una de sus siete puertas, la Puerta de Almodóvar.

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Antes de adentrarnos en la judería, nos encontramos con unos preciosos jardines en dónde podemos encontrar una escultura de bronce dedicada al filósofo cordobés Lucio Anneo Séneca.

Tras pasar por la puerta nos encontramos con una de las zonas más bellas de Córdoba, su judería. La primera calle que nos encontramos a mano derecha es la Calle Judíos, la cual une la plaza de Maimónides con la Puerta de Almodóvar.

La envolvente magia de esta calle con sus blancas casas nos deja una multitud de escondites por descubrir, como la Sinagoga, quizás el único resto de arquitectura hebraica que esta ciudad conserva. Aunque el edificio data de 1315, tras la expulsión de los judíos fue usada como hospital, ermita e incluso escuela de párvulos, hasta que en 1884 fueron descubiertas varias inscripciones que hicieron que se llevase a cabo una intensa restauración. Así, en el 1885 fue declarada como Sinagoga de Córdoba.

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Después de nuestra visita a la Sinagoga, frente a la pequeña plaza de Tiberíades, nos adentramos en el Zoco Municipal, un pequeño espacio inaugurado en 1954 como un lugar para promocionar la artesanía tradicional cordobesa. Sus arcos, sus columnas y su hermosa plaza hacen que esta zona merezca nuestra visita.

Enfrente del zoco nos encontramos con la Plaza de Tiberíades, dónde podemos apreciar el monumento dedicado a Maimónides junto con la casa en donde nació. El nombre de esta pequeña y bella plaza se debe a que Moshé Ben Maimón, médico, rabino y teólogo judío, tras morir en Fustat, fue trasladado a Tiberíades, el actual Israel, en donde se encuentra su tumba.

Y, si seguimos bajando, vamos a dar a la Plaza de Maimónides, que acoge, en una de sus esquinas, la barroca Casa de las Bulas de la Santa Cruzada.

Camino a la Mezquita-Iglesia de esta ciudad nos encontramos con la Plaza del Cardenal Salazar, encerrada entre dos edificios barrocos como la facultad de Filosofía y Letras que era un antiguo hospital, y la iglesia conventual de San Pedro de Alcántara.

Llegamos así a la Mezquita, he de decir que la visitamos hace 7 años, sin embargo, nos sigue impresionando por su belleza.

Esta, se empezó a construir en el año 786 como mezquita, pero en 1238, tras la Reconquista cristiana de esta ciudad, se llevó a cabo su consagración como catedral de la diócesis con la Ordenación episcopal de su primer obispo, Lope de Fitero.

Actualmente, dicho conjunto constituye el monumento más importante de esta ciudad milenaria, y también de toda la arquitectura andalusí junto con la Alhambra.

Nosotros entramos por la Puerta del Perdón, la puerta principal hacia la Mezquita, sin embargo, hay que solventar escaleras. El ingreso para personas con movilidad reducida es a través de la Puerta de Deanes, aunque en la Calle Magistral González Francés, a través de la Puerta de la Grada Redonda, tenemos un acceso libre de barreras arquitectónicas.

Tras cruzar la puerta nos encontramos con el Patio de los Naranjos, data del año 786 y es el patio más grande y antiguo de la ciudad, además de ser uno de los más hermosos.

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Nos adentramos en el interior de la Mezquita. El precio de la entrada general es de 10 euros; 5 euros para niños entre 10 y 14 años y personas que acrediten tener una discapacidad; y entrada gratuita para los menores de 10, los nacidos o residentes en Córdoba y para los titulares de la tarjeta “Andalucía Junta 65”.

Aunque todo lo que hay en el interior de la Mezquita es impresionante, lo que más me ha llamado la atención es una columna que tiene tallada una cruz. Según la leyenda, un grupo de cristianos entraron en la Mezquita y condenaron el Islam, haciendo resistencia contra el aumento de islamización de la sociedad cordobesa. Como el muchacho era muy joven, en vez de matarlo, decidieron atarlo a una columna para que se hiciera musulmán. Sin embargo, este cautivo se aferró más a su religión y fue tallando con sus propias uñas una cruz en la columna en la que estaba atado.

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Después de visitar la Mezquita decidimos aprovechar el buen tiempo y, frente a ella, en el Bar Santos, decidimos tomar una cerveza acompañada de la tortilla más famosa de la ciudad.

De camino hacia el Puente Romano aprovechamos para visitar una de las calles más bonitas de España, la Calle de las Flores, situada en una bocacalle de la calle Velázquez Bosco. Es una calle estrecha y peatonal que nos lleva a una pequeña plaza. Desde allí tenemos una de las imágenes fotográficas más famosas de Córdoba, la Torre de la Mezquita al fondo de esta callejuela.

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Caminamos otro poco y llegamos al famoso Puente Romano, declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento. Esta pasarela de principios del siglo I d.C. que atraviesa el río Guadalquivir une dos barrios, el Barrio de la Catedral con el barrio del Campo de la Verdad. Conocido Como “el Puente Viejo” fue durante 20 siglos el único puente con el que contaba la ciudad hasta la construcción del puente de San Rafael. A un extremos nos encontramos, por un lado y en la parte sur, con la torre defensiva de la Calahorra mientras que en su parte norte podremos descubrir la Puerta del Puente, una de las tres únicas puertas que se conservan de la ciudad. Ambos monumentos, junto con el puente, fueron declarados en 1931 Conjunto Histórico- Artístico.

Para comer decidimos alejarnos un poco de la zona turística y nos dirigimos al centro, precisamente a la calle Córdoba de Veracruz en el número 5. “El Otro Barril”, restaurante que ya conocía uno de nuestros amigos, nos ofrece una gran multitud de platos de la gastronomía cordobesa más tradicional como el salmorejo o el flamenquín.

Entre sus platos estrella podemos mencionar los huevos rotos, las berenjenas con salmorejo o las puntas de solomillo. Ponen bastante cantidad y realmente está todo delicioso. El lugar es accesible y cuenta con un baño adaptado para personas con movilidad reducida.

Para acabar nuestra visita a Córdoba nos dirigimos al Mercado de la Victoria, un espacio de disfrute en torno a la gastronomía, la cultura y el ocio, siendo el primer mercado gastronómico que abrió sus puertas en Andalucía.

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